Estas ciudades poseían una perfecta arquitectura dotada de una avanzada ingeniería contra incendios. Vivían en un asentamiento que era, a la vez, residencia, templo y observatorio astronómico. Poseían conocimientos de fenómenos sobrenaturales que nosotros desconocemos por completo y que impresionan a algunos arqueólogos, puesto que formaban parte integral de su cultura. Además, los habitantes de Arkaim contaban con sistemas hidráulicos, de ventilación, hornos metalúrgicos y minería cuya existencia se desconocía en aquellos tiempos, según estudios científicos oficiales anteriores.
Sus costumbres eran definidas por sus rituales y su conocimiento del cosmos. Asimismo, dependiendo del origen de su lenguaje surgen dos grupos emparentados entre sí: un grupo derivado del sánscrito y otro grupo derivado de los antiguos avéstico y persa. Del primero derivan las etnias “protoindoeuropeas” y de los segundos las etnias “protoindoiranias”.
Eran un pueblo tranquilo de costumbres muy místicas, gentil, formado por buenos ingenieros que observaban el sol y la luna, y que disponían de grandes conocimientos del cosmos. Le daban mucha importancia al culto y a la meditación, y en su simbología se encuentran la esvástica y el mandala, al igual que luego en el budismo e hinduismo.
El símbolo de la Esvástica tallado en hueso, encontrado en Rusia tiene una antigüedad de 12.000 años.



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